Nuestro amigo disciplinado nos pregunta: ¿debo favorecer inversiones que paguen dividendos?
Los dividendos son una de las fuentes de ingresos más importantes para muchos inversionistas, especialmente para aquellos que requieren que su portafolio de inversiones genere ingresos periódicos que servirán para cubrir sus gastos.
Pero primero acordemos una definición única y completa acerca de los dividendos: los dividendos son la porción de las utilidades de las empresas que se reparte entre los socios. Los dividendos pueden tener una razón fundamental, por ejemplo, la empresa no necesita el exceso de caja acumulada para financiar sus operaciones, o una razón sicológica, el reparto de dividendos sirve como señal para indicar que la salud financiera es buena.
Los dividendos se suelen repartir en efectivo, de forma programada o extraordinaria, o en acciones. Un dividendo en efectivo efectivamente reduce la posición de caja de la empresa, mientras que un dividendo en acciones opera como una capitalización, reteniendo la posición de caja disponible. Los dividendos en acciones son más comunes bajo condiciones de incertidumbre financiera.
En cuanto a los dividendos, hay cuatro fechas a considerar: la fecha de declaración que es cuando la junta directiva decide hacer el reparto, la fecha de corte, que es la primera fecha a partir de la cual los accionistas que aparezcan registrados no recibirán el dividendo, la fecha de registro, que es cuando se determinan los receptores del dividendo, y la fecha de pago.
Financieramente, recibir un dividendo en efectivo implica no solo una disminución en la caja disponible sino también una reducción inmediata del valor teórico de la empresa por el monto total del dividendo distribuido. Por estas razones, suena ilógico y la teoría financiera en general se opone al reparto de dividendos en empresas que hubieran podido generar valor reinvirtiéndolo en sus operaciones. Sin embargo, esto también explica por qué las empresas nuevas o en períodos de expansión acelerada no suelen repartir dividendos y las empresas maduras o con posiciones de mercado consolidadas sí lo hacen. A pesar de la teoría, muchas empresas se ven ‘obligadas’ a pagar algún dividendo para hacer que sus acciones luzcan atractivas ante un público inversionista que todavía los valora.
Por supuesto, existe la posibilidad de reinvertir los dividendos adquiriendo participaciones adicionales de la empresa pagadora. Si la rentabilidad futura pareciera buena, y la necesidad de caja no fuera apremiante, los inversionistas pueden reinvertir el dividendo recién obtenido y de hecho existen programas para hacerlo de forma automática y a bajo costo.
De hecho, la rentabilidad total de una inversión suele calcularse de distintas maneras, una de ellas comparando el valor inicial y final de la inversión. Otra, mas completa, utiliza el valor inicial y el valor final de la inversión tomando en cuenta los dividendos obtenidos a lo largo del período evaluado. Otra, asume que los dividendos fueron reinvertidos. Para obtener una visión más real acerca de la rentabilidad de una inversión es buena idea tomar en cuenta los dividendos obtenidos y hacer los ajustes correspondientes en el caso que estos haya sido reinvertidos.
Los dividendos regulares son sujetos a impuestos sobre la renta como cualquier otro ingreso, es decir, sujetos a tasas marginales que para este año van de 10% a 37%. No obstante, existen categorías de dividendos que pueden recibir un tratamiento más beneficioso.
Por ejemplo, algunos dividendos se consideran ‘calificados’ cuando provienen de empresas de los Estados Unidos, o de algunas empresas extranjeras, y el inversionista mantuvo la posición durante al menos 61 días dentro de los 121 días que comienzan 60 días antes de la fecha de corte del dividendo. Los dividendos calificados son imponibles a tasas similares a las de las ganancias de capital, es decir, 0%, 15% o 20%, y dependiendo del ingreso total del declarante.
Otros tipos de dividendos con tratamientos fiscales diferenciados son las devoluciones de capital, no sujetas a impuestos y comunes en las sociedades limitadas; los dividendos de fondos que invierten en títulos de deuda exenta de impuestos federales como, por ejemplo, los fondos de bonos municipales; y porciones de algunos dividendos de los fideicomisos de inversión en bienes inmuebles[1] (REIT). Obviamente, los dividendos recibidos en cuentas bajo régimen de impuestos diferidos, como las IRA o 401k, no son sujetos a pago de impuestos, lo mismo con los dividendos recibidos en cuentas Roth IRA. Por último, los fondos suelen repartir dividendos designados como ‘distribuciones de ganancias de capital’ los cuales son sujetos a impuestos como ganancias de capital de largo plazo.
Por último, es importante mencionar que -a la pregunta de nuestro amigo- es posible optimizar no solo el flujo de dividendos proyectados sino también sus efectos impositivos una vez éstos hayan sido alineados con las necesidades financieras y objetivos de inversión del cliente, así como tomadas en cuenta las opciones disponibles de tipos de cuentas y de dividendos. Un asesor financiero capacitado puede ayudar a lograrlo.
Aviso: La información proporcionada en este documento es solo para fines educativos. Portfolio Resources Group no garantiza la exactitud de ninguna recomendación fiscal, ya que no brindamos asesoramiento fiscal o legal. Consulte a un profesional de impuestos para asegurarse de que las recomendaciones sean apropiadas para su situación particular.
[1] Un tipo particular dividendos en REIT es conocido como Sección 199A, el cual conlleva un porcentaje de deducción. Una explicación detallada excede el alcance de este artículo.