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06/09/2026

Luego de un tiempo sin contacto, nuestro amigo nos pregunta: ¿cómo nos afectan las ofertas públicas iniciales de empresas de altísima capitalización?

Las ofertas públicas iniciales (también conocidas como IPO por sus iniciales en inglés) son los procesos mediante los cuales las empresas de capital privado se vuelven de capital público, es decir, su capital se abre al público inversionista general, empiezan a cotizar libremente en mercados secundarios (bolsas de valores), y son sometidas a la regulación y escrutinio de las empresas públicas con acceso a inversionistas menos sofisticados.

Las empresas de altísima capitalización (“megacap” en inglés) son aquellas con valoraciones superiores a los $200 mil millones[1]. Por su elevada capitalización, suelen tener una alta representación en los índices que usan esta variable para determinar los pesos relativos de sus componentes.

Recientemente hemos sabido que al menos tres empresas, todas ellas relacionadas con tecnologías futuristas, han comenzado sus procesos de oferta pública inicial.

Nuestro amigo tiene curiosidad, e intuimos preocupación, por el impacto que esto pudiera tener en sus inversiones.

Si partimos de la base que la mayor parte de las inversiones financieras de las personas naturales se encuentran en cuentas y productos de retiro o ahorro educacional, y si aceptamos que la mayoría de dichas cuentas y productos invierten en fondos mutuales, CIT o ETF, entonces vale la pena preguntarse cómo y cuándo llegarían dichas nuevas emisiones a estos fondos y si ello sería positivo o negativo.

En general los fondos se separan en dos tipos, los fondos pasivos o indexados, es decir, que siguen fielmente a un índice representativo del mercado (S&P 500, Russell 1000, Nasdaq 100, etc.), y los fondos activos, es decir, aquellos que, pudiendo tener un índice de referencia, se pueden alejar siguiendo la dirección de quienes los administran.

Los fondos pasivos o indexados, por definición, siguen o copian a sus índices de referencia, es decir, en el momento en que su índice de referencia cambia su composición, el fondo también la cambia para seguirlo fielmente. En este sentido, las reglas de composición de los índices determinan cuándo se agrega un nuevo emisor. En general, las reglas establecen que debe pasar un tiempo prudencial desde el IPO[2] y, en algunos casos, que las empresas deben ser rentables para ser agregadas. Hemos leído acerca de varios índices que han decidido acortar el período de espera antes de incorporar a un nuevo emisor. En este sentido, es posible que dichas inclusiones ocurran al cabo de unos pocos días y los fondos indexados los sigan.

Los fondos activos no están obligados a seguir un índice, pero sus administradores podrían decidir incluir los nuevos activos en sus portafolios, dependiendo principalmente de sus análisis y políticas de inversión.

Es importante mencionar que los índices suelen usar metodologías que ajustan[3] la exposición al número de acciones que se encuentran disponibles a ser transadas en la bolsa, es decir, si un número considerable de acciones no se encuentran disponibles o son de venta restringida entonces el peso relativo de dicho emisor será menor al que le correspondería si todas las acciones estuvieran disponibles. Sabemos que algunas de las empresas que recientemente han mostrado interés en ser públicas tienen un porcentaje alto de acciones que no va a estar disponible, reduciendo el peso inicial en los índices y en los fondos.

En conclusión, los inversionistas no institucionales tendrán exposición a estas nuevas emisiones a los pocos días de su IPO, bien sea porque un fondo pasivo hace los cambios para seguir a su índice, o porque un fondo activo decide tenerlas.

A la pregunta de si será positivo o negativo podemos decir lo siguiente: estas nuevas acciones van a formar parte del universo invertible y por ello tiene sentido considerarlas. Por otra parte, esto va a depender del horizonte de inversión del inversionista. Siendo tecnologías futuristas, buena parte de su valor proviene de lo que va a ocurrir en el futuro distante y no de lo que está ocurriendo ahora mismo pues, de hecho, varias de estas empresas son relativamente jóvenes y todavía no tienen ganancias. Lo anterior pronostica volatilidad de corto plazo, dado que los inversionistas no tienen un piso sólido de ganancias sobre el cual sustentar una valoración y dada la posible sobreoferta de acciones de los empleados e inversionistas privados. A largo plazo, sin embargo, el desempeño dependerá de la brecha entre las proyecciones utilizadas en la valoración inicial y lo que finalmente ocurra.
 
Aviso: La información proporcionada en este documento es solo para fines educativos. Portfolio Resources Group no garantiza la exactitud de ninguna recomendación fiscal, ya que no brindamos asesoramiento fiscal o legal. Consulte a un profesional de impuestos para asegurarse de que las recomendaciones sean apropiadas para su situación particular.


[1] Se espera que cada una de las tres empresas a las que nos referimos en este artículo superen dicho umbral al menos cinco veces.
[2] Esto se debe en buena medida a la volatilidad que suele acompañar a un IPO. Esta volatilidad proviene de varios aspectos únicos a los IPO, por ejemplo, el mercado no ha tenido oportunidad de analizar bien al emisor y establecer un precio objetivo. La volatilidad también puede provenir de los excesos de oferta o demanda concentrados en el período cercano al IPO, en ocasiones dada la oportunidad de salida para inversionistas que antes no tenían un mercado secundario para sus posiciones.
[3] Float-adjusted en inglés.

Autor: Roberto Isasi VOLVER